El Jerrari

JERRARI

Antes de nada, aclarar dos cosas:

  1. No, no hay una errata en el título.
  2. La foto no tiene photoshop.

William Fisk Harrah, nacido en California, más conocido como Bill Harrah, ha pasado a la historia por varios motivos. Fue un gran hombre de negocios, mundialmente conocido por ser el fundador de los famosos y lujosos hoteles y casinos Harrah.

Con sólo 20 años reflotó, y en muy poco tiempo, el bingo de su padre.

Fue el primero en contratar a afroamericanos, en sus hoteles y casinos.

Una vez le robaron un coche a su padre, y entonces prometió a su hermana que tendría todos los coches que su familia había tenido. Cuando los consiguió siguió coleccionando coches. Hoy es el William F. Harrah Automobile Museum en Reno, Nevada.

Logo Jerrari

Pero quizá su idea más alocada, y de las menos conocidas, sea la de crearse un todoterreno más que exclusivo.

A finales de los ´60, dentro de ese segmento lo más cómodo y más alejado de lo industrial que había era el Jeep Wagoneer. Pero en su conjunto no era suficiente para él. Así que ni corto ni perezoso se dirigió nada más y nada menos que a Enzo Ferrari para que le construyera uno.

¡Ay, amigos! con la Iglesia hemos topado… De todos es sabido que il commendatore no era una persona fácil de tratar para hacer algo que se saliera de lo normal, alguien bastante cerrado en sus creencias. Y por entonces, además, Ford le estaba dando sopas con onda a Ferrari en Le Mans. Y con todo ello, al señor Enzo se le presenta un americano para que ponga su insigne apellido en un raro artilugio. Nos imaginamos la contestación…

Pero el señor Harrah sigue queriendo hacer realidad su idea. Y lo hace, decide construírselo. Así que en 1.969 se coge un Jeep Wagoneer y un precioso Ferrari 365 GT, les prepara una cena a la luz de la luna, con velas, con rica gasolina súper como plato principal, con efecto afrodisíaco, los deja solos toda la noche… y unos meses después sale a la luz el Jerrari. Para dejar clara la mezcla, ¿verdad? Hasta pide hacer unas insignias específicas, únicas, con el mismo estilo que las de Ferrari.

El coche conserva la carrocería del Wagoneer del pilar hacia atrás, su tracción total y su interior. Pero a ella se ha adosado el afilado morro del 365 GT, que guarda en su interior el melodioso V12 de 4,4 litros del Ferrari. En su interior los únicos cambios son el volante, cambiado por el Nardi original de Ferrari, y su cuadro de relojes, cambiando la sencilla relojería del Jeep por la del Ferrari. Por delante, absolutamente inconfundible; su perfil, lo mismo; la trasera  sí que es mucho más discreta, siendo la misma que la del Wagoneer a excepción de la insignia JERRARI… y los 4 tubos de escape del Ferrari, claro está.

No contento con ello, en 1.977, un año antes de fallecer, pide hacerse otra unidad. Ésta, sin embargo, mucho más discreta, pues exteriormente no presenta cambios en su carrocería. Pero bajo su capó vuelve a haber una V12 de Maranello, más potente (más actual) que el del primer Jerrari. Por lo demás, mismo detalles propios, es decir, insignias, escapes, volante, relojería y, en éste, una nueva consola central.

En la actualidad, el primer Jerrari ha cambiado de manos hace poco. Sin embargo, por desgracia, ha perdido su gran atractivo, su Ferrari V12. En su interior conserva el volante, pero la relojería Ferrari también ha sido cambiada, volviendo a tener la sencilla original.

El segundo Jerrari se conserva tal cual fue creado en Reno, en el citado Museo Harrah.

Os dejamos con dos galerías de fotos, una para cada Jerrari.

Galería 1:

Galería 2:

 

Anuncios